La historia detrás de cada pastela, cada tajín y cada dulce que sale de mi cocina en Coín.
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Durante muchos años regenté mi propio restaurante en Marruecos. Allí aprendí que cocinar no es solo seguir una receta: es cuidar a quien se sienta a tu mesa, cuidar los detalles, no dar nunca nada por hecho.
Cuando llegué a Coín, en Málaga, seguía echando de menos esa forma de cocinar: con calma, con ingredientes de verdad, para gente concreta y no para una carta interminable. Por eso empecé a cocinar por encargo: así puedo dedicarle a cada pedido el mismo tiempo y el mismo cariño que le dedicaba a mis clientes en el restaurante.
No tengo un local abierto al público, pero cocino con la misma seriedad de siempre: cada pedido, aunque sea pequeño, lo trato como si fuera para alguien de mi familia.
No improviso: cocino las recetas que aprendí en casa, las que pasaron de mi abuela a mi madre, y de mi madre a mí. Cuando preparo una pastela, un tajín o unos dulces, sigo los mismos pasos que aprendí de niña, no una versión simplificada para ir más rápido.
Hay ingredientes que no se pueden sustituir por otros de aquí. Por eso, cada vez que puedo, traigo directamente de Marruecos:
Las verduras, hortalizas y la fruta fresca son de proximidad: de la huerta del Valle del Guadalhorce, todo comprado a productores locales.
No preparo nada con antelación ni guardo comida congelada. Cada pedido lo cocino el mismo día que lo recoges, con calma y con buenos ingredientes.
"Trato cada pedido como si fuera para mi propia familia."
Puedes escribirme en español, árabe o francés — te entenderé igual de bien en cualquiera de los tres.
Cuéntame qué te apetece y para cuántas personas.